lunes, 2 de julio de 2012
domingo, 27 de mayo de 2012
"Y ahora es demasiado tarde Princesa" ~
En un reino no tan lejano, existía una hermosa princesa llamada Molly.
Molly, por ser la mayor de dos hermanas mujeres, estaba destinada a ser
reina soberana, ante la falta de un hijo varón en la familia. Su madre,
la reina Anna, siempre le había enseñado que una verdadera reina no era
reina por las hermosas vestimentas, sino por su capacidad de
responsabilizarse, por su sencillez y por su inteligencia. Por eso,
Molly siempre se mostraba sencilla y comprensiva con todas las personas
del reino.
Todos aquellos de la familia real solían ser retratados a cierta edad por los mejores pintores del reino, y de ese modo, quedar inmortalizados en su juventud dentro de un gran salón del castillo donde se colgaban las pinturas. Cuando fue el turno de Molly, el reino sufría miserias, falta de riquezas, y malas cosechas, por lo que ella decidió renunciar a que la retrataran, pensando en que era un gasto innecesario pagarle al mejor pintor. Además, recordaba las palabras de su madre, y que una reina tampoco lo era por estar hermosamente pintada en un cuadro.
El reino mejoró su economía, y al llegar el turno de su hermana, Johana, ella aceptó dichosa ser pintada por el mejor artista del reino. Y a los reyes les gustó tanto su retrato, que decidieron pintarla de nuevo, y de nuevo y de nuevo… Le compraban vestidos y joyas, mientras Molly debía ser sencilla. Ella también soñaba con hermosos vestidos, joyas, y cuando iba al salón de los retratos, y le caía la cuenta de que nunca su cara iba a estar ahí, se ponía a llorar, y lloraba y lloraba.
A veces, el príncipe con el que ella se casaría iba a visitarla y le decía que estaba ciega, que no veía otras cosas que habían hecho sus padres por ella, más allá de lo material. Pero ella no lo escuchaba. Molly quería que sus padres la vean linda también, y no en ese papel de responsable inteligente, que ella asociaba con lo aburrido y triste.
Decidió no quedarse sin hacer nada: ella comenzó a autorretratarse. Fue y se compró los mejores vestidos y joyas, pero ya los reyes no la podían ver hermosa. Cuando terminó de pintar, mostró su obra a sus padres (la cual había quedado muy bien), pero no quisieron verla. “Ya es tarde para eso”, en vez de reconocer que ella había renunciado anteriormente a eso, por aquello que su madre había dicho, y por pensar en su familia antes que en su bien propio. Le importaba tanto la opinión que sus padres tenían hacia ella…
Ahora en la vida a ella sólo le quedó que las personas consiguen lo que quieren al ser un poquitito egoístas, ¿y está eso bien?
Todos aquellos de la familia real solían ser retratados a cierta edad por los mejores pintores del reino, y de ese modo, quedar inmortalizados en su juventud dentro de un gran salón del castillo donde se colgaban las pinturas. Cuando fue el turno de Molly, el reino sufría miserias, falta de riquezas, y malas cosechas, por lo que ella decidió renunciar a que la retrataran, pensando en que era un gasto innecesario pagarle al mejor pintor. Además, recordaba las palabras de su madre, y que una reina tampoco lo era por estar hermosamente pintada en un cuadro.
El reino mejoró su economía, y al llegar el turno de su hermana, Johana, ella aceptó dichosa ser pintada por el mejor artista del reino. Y a los reyes les gustó tanto su retrato, que decidieron pintarla de nuevo, y de nuevo y de nuevo… Le compraban vestidos y joyas, mientras Molly debía ser sencilla. Ella también soñaba con hermosos vestidos, joyas, y cuando iba al salón de los retratos, y le caía la cuenta de que nunca su cara iba a estar ahí, se ponía a llorar, y lloraba y lloraba.
A veces, el príncipe con el que ella se casaría iba a visitarla y le decía que estaba ciega, que no veía otras cosas que habían hecho sus padres por ella, más allá de lo material. Pero ella no lo escuchaba. Molly quería que sus padres la vean linda también, y no en ese papel de responsable inteligente, que ella asociaba con lo aburrido y triste.
Decidió no quedarse sin hacer nada: ella comenzó a autorretratarse. Fue y se compró los mejores vestidos y joyas, pero ya los reyes no la podían ver hermosa. Cuando terminó de pintar, mostró su obra a sus padres (la cual había quedado muy bien), pero no quisieron verla. “Ya es tarde para eso”, en vez de reconocer que ella había renunciado anteriormente a eso, por aquello que su madre había dicho, y por pensar en su familia antes que en su bien propio. Le importaba tanto la opinión que sus padres tenían hacia ella…
Ahora en la vida a ella sólo le quedó que las personas consiguen lo que quieren al ser un poquitito egoístas, ¿y está eso bien?
Bye ~
No sos irremplazable. No sos indispensable. No sos inolvidable. Puedo
dejar de verte hoy mismo y para siempre, y no sufrir por ello. Puedes
decirme que me odias, y no sufriré por ello. No sos irresistible. Puedo
tenerte al lado y no desearte. ~
sábado, 24 de marzo de 2012
La paloma herida

Volvía de la facultad. Hacía mucho calor, aunque ya estábamos en abril. Mi mochila pesaba, y deseaba con toda mi alma estar del otro lado de la puerta de mi casa. Bajé del hacinado tren línea Mitre, y en piloto automático comencé a caminar casi al trote, con la mente en blanco del agotamiento.
En el camino, ya a unas dos cuadras de mi hogar, estaba en la mitad de la acera una señora en silla de ruedas, quieta ahí. Me asombró que no tuviera miedo que la pisara algún automóvil, que a toda hora pasaban a gran velocidad, al ser la calle principal de mi barrio.
De pronto, utilizando sus débiles piernas flacuchentas, hizo mover su vieja silla hasta el cordón de la vereda; allí se detuvo y dejó algo en el suelo... algo que, desde lejos, yo no podía distinguir bien qué era. "Debe querer subir a la vereda y no puede", pensé inmediatamente. "Lo mejor sería ayudarla, aunque yo mucha fuerza no tenga".
A paso dudoso me acerqué, y le pregunté si necesitaba ayuda. Cuando pude concentrar mi mirada en eso que la desconocida había dejado en el suelo, me sorprendí. Era una paloma herida, que sangraba por el costado. "La ha pisado un auto", me dijo la mujer; su voz era áspera. "Está temblando del susto. Tiene el ala lastimada; no va a poder volar si no la curo. Hay que frenar la hemorragia".
En ese momento no se me ocurría nada para decir. "Pobrecita... ¡Qué conductores salvajes! ¿Quiere que la lleve a una veterinaria? Hay una acá a la vuelta", dije torpemente. "No, los veterinarios no van a querer hacer nada por ella". Sacó una pequeña bolsa de plástico de su cartera, tomó a la débil paloma del suelo, y la envolvió fuerte con la bolsa. "Lo mejor sería papel de diario, o un pañuelo. Espero que con esto aguante hasta que llegue a mi casa."
"¿Quiere que vaya a buscar papel de diario en algún lugar, o alguna caja para poder llevar la paloma?", dije. "No, gracias, así estoy bien", respondió ella. La verdad es que ver a la pequeña criatura así me daba mucha tristeza, y temía por su vida.
"Adiós", dijo la mujer, quien lentamente, con ayuda de sus manos y con la paloma sobre sus piernas, dio media vuelta y emprendió viaje en su silla. "Chau, mucha suerte", dije.
Y fui una tonta de esas que no hay, porque me quedé quieta mirando como desaparecía de mi vista, y una vez que no la vi más, me di cuenta que la podría haber ayudado a llegar hasta su hogar.
Ya no tenía ganas de llegar a mi casa; es más, no me importaba si llegaba. Como tonta que soy –de esas que no hay – me puse a llorar mientras caminaba, intentando que el mundo a mi alrededor no me viera. Y me decía a mí misma "No pude ayudar a la paloma. No pude ayudar a la señora en silla de ruedas. No pude hacer nada por el bien de ellas... ¡Qué egoísta que fui!".
Es así. Tenía tantas cosas para hacer al alcance de mi mano, tanta fuerza, tanta salud física que podría haber ayudado, como mínimo, a lograr que la mujer llegue hasta donde quería llegar, o a salvar al ser viviente que ella quería salvar... Y no hice nada.
Hasta que, esa noche, tuve la solución en mi cabeza, y ustedes la está leyendo. Así estoy ayudando: agradezcamos que nacimos sanos, de cuerpo, mente y espíritu. Ayudemos a las criaturas más débiles.
¡Qué paradoja! Esperamos que alguien débil salve a algo débil... Nosotros, los fuertes, salvémoslos y no dejemos que eso pase jamás...
En el camino, ya a unas dos cuadras de mi hogar, estaba en la mitad de la acera una señora en silla de ruedas, quieta ahí. Me asombró que no tuviera miedo que la pisara algún automóvil, que a toda hora pasaban a gran velocidad, al ser la calle principal de mi barrio.
De pronto, utilizando sus débiles piernas flacuchentas, hizo mover su vieja silla hasta el cordón de la vereda; allí se detuvo y dejó algo en el suelo... algo que, desde lejos, yo no podía distinguir bien qué era. "Debe querer subir a la vereda y no puede", pensé inmediatamente. "Lo mejor sería ayudarla, aunque yo mucha fuerza no tenga".
A paso dudoso me acerqué, y le pregunté si necesitaba ayuda. Cuando pude concentrar mi mirada en eso que la desconocida había dejado en el suelo, me sorprendí. Era una paloma herida, que sangraba por el costado. "La ha pisado un auto", me dijo la mujer; su voz era áspera. "Está temblando del susto. Tiene el ala lastimada; no va a poder volar si no la curo. Hay que frenar la hemorragia".
En ese momento no se me ocurría nada para decir. "Pobrecita... ¡Qué conductores salvajes! ¿Quiere que la lleve a una veterinaria? Hay una acá a la vuelta", dije torpemente. "No, los veterinarios no van a querer hacer nada por ella". Sacó una pequeña bolsa de plástico de su cartera, tomó a la débil paloma del suelo, y la envolvió fuerte con la bolsa. "Lo mejor sería papel de diario, o un pañuelo. Espero que con esto aguante hasta que llegue a mi casa."
"¿Quiere que vaya a buscar papel de diario en algún lugar, o alguna caja para poder llevar la paloma?", dije. "No, gracias, así estoy bien", respondió ella. La verdad es que ver a la pequeña criatura así me daba mucha tristeza, y temía por su vida.
"Adiós", dijo la mujer, quien lentamente, con ayuda de sus manos y con la paloma sobre sus piernas, dio media vuelta y emprendió viaje en su silla. "Chau, mucha suerte", dije.
Y fui una tonta de esas que no hay, porque me quedé quieta mirando como desaparecía de mi vista, y una vez que no la vi más, me di cuenta que la podría haber ayudado a llegar hasta su hogar.
Ya no tenía ganas de llegar a mi casa; es más, no me importaba si llegaba. Como tonta que soy –de esas que no hay – me puse a llorar mientras caminaba, intentando que el mundo a mi alrededor no me viera. Y me decía a mí misma "No pude ayudar a la paloma. No pude ayudar a la señora en silla de ruedas. No pude hacer nada por el bien de ellas... ¡Qué egoísta que fui!".
Es así. Tenía tantas cosas para hacer al alcance de mi mano, tanta fuerza, tanta salud física que podría haber ayudado, como mínimo, a lograr que la mujer llegue hasta donde quería llegar, o a salvar al ser viviente que ella quería salvar... Y no hice nada.
Hasta que, esa noche, tuve la solución en mi cabeza, y ustedes la está leyendo. Así estoy ayudando: agradezcamos que nacimos sanos, de cuerpo, mente y espíritu. Ayudemos a las criaturas más débiles.
¡Qué paradoja! Esperamos que alguien débil salve a algo débil... Nosotros, los fuertes, salvémoslos y no dejemos que eso pase jamás...
sábado, 3 de marzo de 2012
Dream on
Voy a hacer todos mis sueños realidad. Un día voy a despertar sin
sentirme mal porque lo que soñé no lo tengo a mi alcance. Voy a
despertar y darme cuenta que mi mundo es mejor de lo que muestran mis
sueños. Va a ser el mundo que tenga que ser, con alegrías y angustias,
pero un mundo ideal y soñado al fin. ¿Sabías que las letras de mi nombre
forman la palabra "Angustia"? Pero eso no significa nada. ~
jueves, 1 de marzo de 2012
Ahora entiendo..
Porque soy hermosa y a la vez intocable. Porque doy todo, pero a la vez soy egoísta. Porque soy segura de mí misma y a la vez inestable. Porque soy la novia ideal, pero a la vez nadie quiere comprometerse conmigo. Porque amo, y al segundo odio. Porque río y a la vez lloro. Porque manifiesto cada cosa que me pasa y expreso lo que pienso, pero lo hago con inmadurez. Porque todos quieren hacerme el amor, pero sólo tienen sexo. ~
C.A.P.T.A.
Bienvenido al Centro de Asistencia Psicológica para personas con Traumas por algo que les haya hecho Agustina. Si usted ha sido abandonado por Agustina o ella le rompió el corazón, marque 1. Si usted ha recibido agresiones verbales y/o físicas causadas por Agustina y/o alguien de su entorno personal en los últimos 5 años, marque 2. Si usted fue insultado y/o agredido por Agustina en su infancia, marque 3. Si usted envidia a Agustina porque es hermosa, inteligente y consigue todo lo que quiere, marque 4. Si usted se realizó cirugías plásticas para parecerse a Agustina y no obtuvo los resultados esperados, marque 5. Si usted intentó invitarla a salir en una o reiteradas ocaciones y obtuvo siempre una respuesta negativa, marque 6. Si usted ha sido defraudado por Agustina en algo, y/o ella le prometió algo que no cumplió, y/o usted tuvo problemas con ella en el ámbito escolar, terciario y/o laboral, marque 7. Si usted es completamente ignorado por Agustina, marque 8. Si usted no reconoce ninguno de los traumas anteriores, o tiene una combinación de los mencionados, marque 9. Si quiere hablar personalmente con Agustina Belen Duarte, aguarde que será atendido. Recuerde que la comunicación será grabada en todo momento para garantizar la calidad del servicio, y que al finalizar la comunicación con su asistente o con Agustina, el conmutador abrirá una lista de opciones para que usted pueda dar su opinión sobre la asistencia recibida. Muchas gracias.
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